Configura su dispositivo desde el tuyo
Creas la cuenta de tu peque desde tu propio teléfono y queda firmada con tu clave. No existe ningún registro que un niño pueda completar solo, ni una casilla de «soy adulto» que pueda marcar.
Escribir. Llamar. Estar cerca.
Ya en la App Store y en Google Play
Llamadas y mensajes entre tu hijo y las personas que tú eliges. Amigos, abuelos, tú. En un teléfono viejo sin SIM, por wifi. Nadie puede buscar a tu hijo, porque no hay dónde buscarlo.
No hay directorio ni búsqueda por nombre de usuario. Un contacto empieza con la invitación de un adulto, válida una sola vez, escaneada de la pantalla de otro teléfono o enviada como un enlace que caduca en una hora.
Todo contacto en el que participa un niño solo existe cuando un adulto dice que sí en su propio teléfono, con su huella o su cara.
Las llamadas y los mensajes se cifran para que solo puedan descifrarlos los dos teléfonos implicados. Cada teléfono sabe qué clave es de quién, así que nadie puede colarse en medio. Nosotros incluidos.
En las aplicaciones y en esta página no hay publicidad, ni analítica, ni nada de terceros.
Cómo funciona
Creas la cuenta de tu peque desde tu propio teléfono y queda firmada con tu clave. No existe ningún registro que un niño pueda completar solo, ni una casilla de «soy adulto» que pueda marcar.
El teléfono de la abuela muestra un código que sirve una vez. El tuyo lo escanea. Ese es también el momento en que los dos teléfonos aprenden a reconocerse para siempre, y eso es lo que después mantiene fuera de la llamada a todos los demás.
No se conecta nada hasta que un adulto dice que sí. Entre dos niños hace falta un adulto en cada lado. Cualquiera de ellos puede cortar un contacto más tarde, y deja de funcionar al instante, incluso en mitad de una llamada.
Todas las personas a las que tu hijo puede llamar, en grandes fichas con foto. Nada que escribir, ningún sitio donde perderse. Un niño que aún no sabe leer se maneja solo, porque no hay nada que leer.
Solo palabras y zorros. Ni fotos, ni vídeo, ni enlaces. Un niño que aún no sabe escribir envía un zorro; el que sabe, escribe. Cada mensaje va cifrado para que solo los dos teléfonos puedan leerlo.
Verde para contestar, rojo para no hacerlo. Esa es toda la decisión. Quien no haya sido aprobado por un adulto de cada lado no puede hacer que aparezca esta pantalla.
Una sola pantalla, con la cara de tu hijo y un botón verde cuando suena. Tú envías la invitación y dices que sí una vez.
Dos familias, dos síes. Nada se conecta hasta que un adulto de cada lado ha aprobado al otro niño por su nombre. La misma regla que deja que tu hijo llame a la abuela, por partida doble.
Sin SIM, sin cuota mensual. Basta un teléfono viejo o una tableta compartida por wifi. Ese al que tu hijo llama cuando estás en el trabajo, en la tienda o simplemente llegas tarde.
Cómo funciona para un abuelo O compáralo con un reloj, un teléfono viejo o esperar
Qué guardamos
Se eligen en cada teléfono y pasan directamente al otro. Nunca llegan hasta nosotros.
A quién puede llamar tu hijo lo decides en tu teléfono, y se queda en los dos teléfonos implicados.
Cerrados entre los dos teléfonos. Un mensaje que espera a un teléfono apagado está aquí como una caja sellada.
Esperándote
Sam quiere hablar con Emma.
Si apruebas, Sam y Emma podrán llamarse y escribirse, sin que tú estés delante.
El adulto de Sam ya ha dicho que sí por su lado.
Sé quién es y elijo permitirlo.
Aprobaciones
Cada persona con la que habla tu hijo llega primero a esta pantalla. Un amigo del colegio, un primo, su abuela. Los dos botones pesan lo mismo, Aprobar espera cinco segundos y pide marcar una casilla, y la frase de en medio dice exactamente a qué estás diciendo que sí.
Dinero
Por las familias que lo configuran, a través de la App Store o Google Play.
Un niño cuesta 1 € al mes o 10 € al año. Hasta seis niños cuestan 2 € al mes o 20 € al año.
Configurar a tu primer hijo empieza con un periodo gratuito. Una sola suscripción cubre los teléfonos de ambos padres, y a nadie a quien llame tu hijo se le pide nunca nada. Solo a la venta en la UE.
Tampoco hace falta un dispositivo nuevo. Un teléfono viejo sin tarjeta SIM funciona, porque todo pasa por wifi. Un ahorro real frente a un reloj inteligente para niños o una tarifa SIM contratada solo para un hijo.
Preguntas
Más o menos de cuatro a diez años. La parte del niño está hecha para alguien que todavía no sabe leer. Fichas grandes con fotos, navegación por caras, sin menús, y el poco texto que hay adorna en vez de instruir. La parte del adulto es una aplicación normal, para ti.
Llegar hasta tu peque exige dos cosas a la vez: una invitación que vino de un adulto, y un sí de un adulto a quien ya habías confiado esa cuenta, dado en su propio teléfono. No hay nada que adivinar, nada que buscar y ninguna lista de niños en ningún sitio que pueda filtrarse. Una invitación reenviada a otra persona no conecta a nadie. Como mucho pone delante de ti un nombre que no esperabas, y lo rechazas. Ni siquiera quien robara todo lo que tenemos podría crear un solo contacto, porque no guardamos nada capaz de concederlo.
No. Una tableta familiar compartida vale, y cada niño tiene un perfil que elige tocando su propia foto. Un teléfono viejo sin SIM también, porque todo va por wifi.
No, y nosotros tampoco. Lo que sí decides es más grande, y es con quién puede hablar tu peque y si cada contacto es de llamadas, de mensajes o de las dos cosas. A esta edad esa es la parte que de verdad protege. Los mensajes en sí van cifrados para que solo puedan abrirlos los dos teléfonos, y ese muro no tiene puerta trasera, ni para nosotros ni para un padre o una madre. Si quieres leerlos, hazlo a la antigua y sentaos juntos con el teléfono.
Ya, en los dos. Rilo está en la App Store para iPhone y iPad, y en Google Play para Android.